Es súper curioso pero no tengo ningún recuerdo de lo que pasó en ese momento. Sé que estaba ahí en frente del ordenador, que encontré un vuelo a Australia a un precio asequible y que barajaba el comprarlo o no. La verdad que lo que necesitaba en ese momento era irme, e irme lo más lejos posible. Pero no me acuerdo si lo compré o si descarté esa loca decisión de volar al otro lado del mundo. Al día siguiente me despierto sobresaltado, “¿ayer no me compré un vuelo a Australia verdad?”. Abro mi correo y un email me dice que sí, pero al comprobar mi cuenta bancaria no hay rastro de ninguna locura. Paso el día a ratos aliviado e intranquilo: “Menos mal que no lo he comprado… ¡Lo tendría que haber comprado!”. Un poco después una notificación del banco dicta la sentencia, tengo un billete hacia una nueva vida.

Durante semanas guardo como un secreto mi nuevo destino. No quiero decírselo a nadie, no de momento, aún quedan muchos meses hasta que vuele, si es que finalmente vuelo. Mi vida empieza lentamente a mejorar como si el billete fuese una medicina que estaba curando mi mala racha. A su vez empiezo o continúo recibiendo mensajes. Esta vez de nuevo desde una película, Hacia rutas salvajes. La historia de un joven desencantado de la sociedad en la que vive, que rompe con todo y se lanza a perseguir sus sueños. No puedo evitar identificarme con él, además de ser toda una inspiración. Y lo mejor de todo es que tengo un vuelo a Australia y nadie lo sabe, me siento decidido a marchar hacia rutas salvajes.

Poco a poco mi secreto deja de serlo, aunque la mayoría de personas a las que se lo cuento no me creen o no me toman en serio. Al mismo tiempo todo empieza a salir según lo planeado, es más, todo sale mejor de lo previsto. Termino mis estudios y a los pocos días recibo una llamada, tengo contrato de trabajo desde finales de junio hasta finales de septiembre. ¡Mejor imposible! Y aún tendría quince días para preparar todo lo que necesite para viajar a Australia, gracias gracias gracias.

Tan pronto recibo la llamada algo se despierta en mí. Un pequeño sueño que siempre había querido hacer pero que nunca había tenido la oportunidad de hacer. “A ver, apenas tengo tiempo para hacerlo, empiezo a trabajar en poco más de una semana… ¡que leches!, es ahora o nunca.” Necesito la ayuda de mi padre y yo creo que le pilla tanto de sorpresa que ni tiene la capacidad de decirme que no.
– “Papá, mañana a la mañana necesito que me lleves a Francia con el coche, por favor.”
– “¡¿A Francia, mañana?!”

Desde que me compré ese billete todo sale bien. Y mañana empieza una aventura con la que tanto he soñado.

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