Amanece un nuevo día en los campamentos saharauis. El fresco del alba durará poco bajo el abrasador calor del Sol. Hoy conoceremos la parte más tierna de los campamentos. Seremos capaces de abandonar la difícil situación adulta que se sufre en los campamentos y volar libres en la inocencia de los más pequeños. Hoy iremos a la Guardería, al Colegio y al Centro de Educación e Integración Castro. La educación en los Campamentos Saharauis.

La Educación en los Campamentos Saharauis: la Guardería

Empezamos el día con los más peques, a la guardería. Pocos instantes nos hacen falta para olvidarnos de todas las injusticias y dificultades que allí se viven. Pequeñas travesuras corriendo y jugando por todos lados, sonrisas y más sonrisas, juegos, colores y más sonrisas. No importa de qué país, da igual la religión o el color de piel, chico o chica, con dientes o sin ellos, la sonrisa de un niño o de una niña es algo tan puro, tan inocente, tan real, que es capaz de dar luz a cualquiera que la reciba.

La energía de estas pequeñas criaturas es tan poderosa que es capaz de alegrarle el día a cualquiera. Hay tanto que aprender de estos pequeños seres… Parte de los suministros que hemos llevado al Sahara es para la educación en los campamentos saharauis. Regalos en forma de material escolar, la felicidad de los chiquillos al recibir pinturas de colores y libros para colorear y aprender es algo precioso. Una pena no tener todo el tiempo del mundo para disfrutar de estos peques un rato más.

Guardería niños
Guardería regalos

La Educación en los Campamentos Saharauis: el Colegio

Hay mucho, muchísimo que aprender así que vuelta al cole. Nos encontramos en un mundo opuesto al nuestro (al que vivimos en los países desarrollados) y la escuela no va a ser una excepción. Aquí los alumnos están a deseo de aprender y los profesores de enseñar, pero sus recursos son tan limitados que a veces algo tan básico como la educación se vuelve un reto difícil de llevar a cabo. Viendo y viviendo esta situación me doy cuenta de que en nuestro mundo la enseñanza es tan accesible, bueno no solo es accesible sino que obligatoria, que muchos niños posiblemente no tienen ni la mitad de interés en aprender que ésta gente. Estoy seguro de que muchos profesores preferirían quedarse en casa más de un día en vez de ir a trabajar también.

La educación en los campamentos saharauis. Aprendiendo español.

Además de hasaní (su lengua materna, un dialecto árabe), los niños saharauis aprenden , español, matemáticas, geografía, etc. Tenemos la suerte de ver varias clases. Montones de españoles visitando una clase de español en los campamentos saharauis, cuanto menos interesante. Y están aprendiendo a escribir la letra ‘L’, es evidente que se le hace difícil. Nuestras letras son tan diferentes a las suyas, ¡sus letras son tan bellas! Finalmente ojeo en la biblioteca un libro escrito en árabe y aunque no entienda un solo símbolo, letra o palabra pasaré un tiempo pasando hojas encantando por tal bella caligrafía. Escriben de derecha a izquierda, como ya he dicho, un mundo diferente.

La educación en los campamentos saharauis. Aprendiendo matemáticas.

Centro Castro para la Educación y la Integración

Centro Castro

La educación en los Campamentos Saharauis también incluye a las personas discapacitadas. Castro es un centro para la educación e integración de personas con discapacidades físicas y mentales. El objetivo de esta organización es educar estas gentes, integrarlas de nuevo en la vida de los campamentos e incluso intentar hacer que sean autónomas. La labor de este centro es impresionante y desde el primer momento produce un gran impacto en mí. Hay que entender que en los campamentos se vive en una situación extrema, estas personas no sólo no van poder ayudar, sino que van a suponer una carga. Hay veces que son incluso abandonados por sus familias. La realidad que se vive siendo un refugiado en un campamento en mitad del desierto es muy difícil, demasiado difícil a veces como para poder admitir más dificultades.

Aquí se enseña a estas gentes a ser autosuficientes para así, al menos, no suponer una gran carga en casa. Crean pequeñas manualidades que intentan vender. Con el dinero que consiguen compran pequeños bienes que más tarde llevan a casa, haciendo ver en sus familias que incluso pueden servir de ayuda. Me quedo sin palabras mientras nos explican la labor de este centro en los campamentos.

Castro Florecen Personas
Castro Sonríe

Poco después pasaremos un rato con ellos jugando y bailando. Son súper cariñosos, algunos muy descarados y otros, en cambio, más tímidos. Muchos de ellos están a deseo de saludar, a todo el mundo, apretones de manos y abrazos por doquier, además de montones de fotos. Empieza a sonar la música y es tiempo de bailar. Estos especiales alumnos son invitados a danzar al son de la música. Al mismo tiempo, nosotros somos invitados a hacerlo con ellos. Nos enseñan su forma de moverse, alguno de ellos con mucho, mucho estilo. De repente la sensación de estupidez empieza a desaparecer a la vez que una estúpida sonrisa aparece en mi rostro.

Al mismo tiempo una fuerte sensación empieza a arder dentro de mí, no sé cómo me siento, no sé si estoy a punto de reír o si en cambio voy a empezar a llorar. Lo único que siento es esta fuerte energía invadiendo todo mi ser, nunca me había sentido así, nunca había sentido nada ni si quiera parecido. Tengo que abandonar la habitación en la que estamos y salir fuera al exterior. No sé si son las paredes del aula que me aprietan desde afuera, o es está emoción que me oprime desde dentro pero no puedo respirar. O igual estoy respirando pero no puedo sentir mi respiración.

Poco a poco vuelvo a mí, ¿qué es lo que me ha pasado? Me doy cuenta que he estado equivocado toda mi vida. Siempre había pensado que la gente que trabaja con personas discapacitadas tiene el cielo ganado ya que pensaba que su labor era muy difícil. No quiero decir que el trabajo sea fácil ni mucho menos, pero me acabo de dar cuenta de que trabajar con esta gente es una bendición, que recibes más de lo que das.

Alumnos Castro
Bailando en Castro

Finalmente terminaré la visita de hoy aprendiendo más incluso. Es muy habitual encontrarte rodeado de niños mientras estás en los campamentos, somos la única fuente de golosinas. Es un encanto dar un par de caramelos a cambio de un montón de sonrisas. Hoy me daré cuenta de que no está bien del todo. Las gominolas no son más que una mera ilusión para ellos y yo no soy Santa Claus. No quiero decir que sea malo dar dulces a un niño, más teniendo en cuenta en la situación en la que estos se encuentran, pero tampoco es bueno el maleducar a los más pequeños de esta forma. Estos últimos han venido corriendo, nos han exigido chuches y se han marchado enfadados porque no han recibido suficientes. No me siento bien, lo siento mucho, se acabaron las golosinas.

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