Etapa 1 Camino de Santiago
Etapa 1 Camino de Santiago:
Saint Jean de Pied de Port – Pamplona/Iruña

Distancia: 76,25 km
Salida:
12:15
Llegada: 19:30
Presupuesto: 5€
– 2€ Credencial
– 3€ Comida

¡El viaje se vuelve emocionante desde el principio! Son las 10 de la mañana y mi padre ya está nerviosísimo. Me tiene que llevar a Francia con el coche, tiene que volver, comer e ir a trabajar de tarde… no le va a dar tiempo. Últimas comprobaciones para no dejarme nada importante y salimos. Son las 10:30 de la mañana. Pero, ¿por qué tanta prisa? Empiezo a trabajar en poco más de una semana, así que apenas tengo un poco más de una semana para llegar a Santiago.

No sé si son los nervios que tengo de empezar esta nueva aventura, o que me he bebido dos litros de agua para estar bien hidratado pero en el trayecto, de apenas hora y media, tenemos que para un par de veces para que mee. Al fin llegamos a San Juan de Pie de Puerto. Lo primero montar la bici, lo segundo reponer todo el líquido que he orinado y por último, despedirme de mi santo padre que llegará tarde a trabajar.

Comienza para mí el Camino de Santiago. Lo primero es conseguir la credencial, el pasaporte del peregrino, y con ella encuentro la primera belleza de esta aventura. Una bonita sonrisa de una amable chica que, además, viene acompañada de un mapa del perfil del Camino de Santiago y una hoja donde se listan numerosos albergues en las diferentes localidades por las que pasa. Con todo lo necesario solo queda una cosa que hacer, empezar a caminar. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al pedalear en mi caso.

La etapa es dura desde el comienzo. Sin tiempo para calentar comienza la cuesta arriba. Unas pocas pedaladas más adelante tengo que parar para tomar aliento. Hoy es el primer día del año que cojo la bici, es más, no la había cogido desde el verano pasado. Y aquí estoy subiendo una cuesta digna de un campeonato. En el suelo hay una piedra y decido cogerla, la llevaré conmigo hasta el final del camino.

Subo y subo y subo y subo y siguen quedando más kilómetros por subir. Los últimos se harán insoportables bajo los elementos. Viento, lluvia, frío y cuesta, cuesta. Además las nubes me impiden ver el paisaje que, seguro, desde allá arriba es increíble. Al llegar a la cumbre tengo que bajarme de la bici y afrontar el último tramo a pie empujándola, no hay otra forma de hacerlo. Un paso, otro y… ¡zas! Se me recogen los músculos de la parte de atrás del muslo izquierdo. Al estirarlos y contraer los delanteros se me recogen éstos también. Allí me encuentro en mitad de la nada, mojado y muerto de frío, agarrando la bici cómo único soporte. Tengo calambres en toda la pierna izquierda, y todavía tengo que ir hasta Pamplona… Nadie dijo que esto iba a ser fácil.

Consigo continuar y lo que continúa es maravilloso. 5 o 6 o nosecuantos kilómetros de bajada, por pista forestal, a través del bosque. ¡Menuda gozada! Una pena que el barro, y sobre todo el agotamiento de mis brazos, me impida disfrutar al 100% de este tramo, pero merece la pena, ¡es impresionante! Me prometo que en un futuro volveré para poder gozar de esta bajada al máximo.

Y al fin llego a Roncesvalles exhausto, empapado y lleno llenico de barro. Me cambio de camiseta y como todo lo que traía en la mochila, pero no hay forma de entrar en calor. Gracias a Dios me hayo en terreno sagrado y mi alivio llega en forma de Cola Cao, bendito y caliente Cola Cao.

Con el estómago caliente parto rumbo a Pamplona. Ahora el camino se vuelve un constante sube y baja por sendas que no son tan transitables para una bici como a mí me gustaría. Pero, ¿cuándo llegaré a Zubiri? En serio, es imposible que no haya llegado ya a este pueblo, parece que se me aleja… Al llegar estoy tan desesperadamente cansado que decido abandonar el camino por un rato y rodar por la carretera. Me niego a encontrarme con otra cuesta arriba con cascajo que ponga en riesgo mi pierna izquierda. Pero pronto vuelvo a los senderos, el camino para llegar a Pamplona es conocido para mí, al igual que muy bello.

Son las 19:15 y llegó a la ciudad. Siento como si la gente me mirase más de lo normal. Quizá sea mi cansado cuerpo que comienza a delirar o, posiblemente sea que traigo conmigo una tonelada de barro. Al llegar a casa mi hermana no para de reírse de mi embarrada imagen mientras me miro en el espejo, incrédulo de la cantidad de barro que llevo encima. Ducha (ropa, zapatillas y mochila incluida), cena (merecida) y a descansar que es lo único que puedo hacer.

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