Etapa 6 Camino de Santiago
Etapa 6 Camino de Santiago:
León – Ponferrada

Distancia: 118,44 km
Salida:
 8:00
Llegada: 19:30
Presupuesto: 16,5€
– 4,5€ Alimentos
– 12€ Cena + Cervezas (Doble)
– 0€ Albergue (Se me olvidó dar donación)

Amanece temprano en León, aunque para algunos la noche no ha acabado aún. Por las calles de la ciudad todavía quedan resquicios de la juerga. Puñadicos de borrachos, algunos más lucidos y otros no tanto, deambulan por ahí. No sé quién está más asombrado, si nosotros de ver semejante esperpento, o ellos de ver un grupo de bicis pedaleando tan temprano. Pero sin ninguna duda, los que estamos perdidos somos nosotros.

El Camino de Santiago es un camino súper fácil de seguir, está muy bien señalizado y lo único que tienes que hacer es seguir las flechas amarillas. Pero en las grandes ciudades… en las grandes ciudades es una historia totalmente diferente. Con tantas calles, tantos coches, gente, edificios y distracciones es muy difícil seguir las señales del Camino y, por lo tanto, muy fácil perderse.

Somos un grupo grande, unos 10 ciclistas. Algunos son ya conocidos, y otros aún están por conocer. Serpenteamos por León en búsqueda de la ruta que nos saque de la ciudad. Tras varios errores parece que lo conseguimos, pero estamos intranquilos ya que no se ven tantas flechas amarillas como debería. Al llegar al primer pueblo después de León se cumplen nuestros temores, nos hemos equivocado de camino. Volvemos rápido mientras se escurren varias maldiciones entre nuestros dientes.

Un poco más tarde encontramos el camino bueno, han sido 12 km de propina y una hora de regalo, ¡qué se le va a hacer! Conforme nos alejamos de León el paisaje va cambiando. La Cordillera Cantábrica que días anteriores nos vigilaba, distante desde el norte, hoy se nos muestra ante nosotros. Nos está esperando y está lista para la batalla, y nosotros también, ¡o eso espero!

En el Camino nos encontramos a un hippie viviendo sobre una colina arcillosa. Vive de la voluntad de los peregrinos y a cambio ofrece todo tipo de zumos, tés, cafés, frutas, etc. La verdad que lo tiene muy bien montado y el chico es muy agradable. Realmente envidio su forma de vida.

Continuamos la marcha y comienza la lucha, bueno, todavía no. Antes de empezar con la pelea paramos a reponer fuerzas. Lo primero y más importante mi rodilla, masaje con la pomada y antiinflamatorio. Después alimento para el cuerpo, que pronto va a necesitar. Y por último la bici, ella también sufre las consecuencias del camino. El automático del pedal derecho se ha roto, así que a partir de ahora el pie derecho irá suelto. Además, tengo que pedir un poco de lubricante a otro ciclista, ya que la cadena de mi bici cruje que da miedo.

Ahora sí, comenzamos el ascenso a la Cruz de Ferro. La escalada es dura, pero bella. El amarillo y dorado de las numerosas flores que inundan el paisaje, endulzan la amarga subida. Aunque gracias a Dios la senda es buena para recorrerla en bici. Me acabo de enterar de que los peregrinos tienen costumbre de dejar algo en la Cruz, por lo que se supone que es ahí donde tengo que dejar la piedra que cogí el primer día. Pero al llegar arriba me niego a hacerlo, eso es un estercolero, ya le buscaré un sitio mejor a la piedra.

Nos paramos un momento, no sólo a descansar, sino a disfrutar de las vistas también. Desde allí arriba se puede ver toda la planicie que hemos dejado atrás. La vista no alcanza a ver el final de ésta. Y ahora, ahora toca bajar. La bajada es pedregosa, afilada y muy peligrosa, así que sufriremos tanto como en la subida, una pena. Pero al llegar abajo, obtenemos la recompensa que la bajada no nos ha brindado.

Llegamos a Molinaseca, un pequeño pueblo por el que pasa un río. En sus aguas y orillas la gente se baña y se divierte. Nosotros no lo dudamos, nos ponemos en calzoncillos y nos damos un chapuzón tan refrescante como placentero. Con el calor que está haciendo, un baño en aguas fresquitas debería ser obligatorio. Una lástima que no tengamos mucho tiempo. Nos vestimos y marchamos para Ponferrada.

Al fin llegamos, y además encontramos un albergue que sólo piden la donación. Y ahora, la rutina de todos los días al terminar la jornada. Primero asentarnos, después darnos una ducha y lavar la ropa a mano, más tarde darnos una merecida y grandiosa cena y, por último, descansar y dormir plácidamente. Bueno, a veces dormir plácidamente en un dormitorio con tanta gente y con ronquidos varios es un poco difícil…

Lo único que me preocupa un poquito es mi cuerpo. Mi rodilla me está matando, aunque a base de ibuprofenos y masajes con la pomada la mantengo a raya. Luego, apenas siento algunos dedos de mis manos. Debido a que paso tantas horas con las manos en el manillar, estoy presionando algún nervio o arteria más de lo debido. Siento un hormigueo constante y la movilidad justa en algunos dedos, hoy he andado justo para lavar la ropa y ducharme. ¡Y esto me está pasando también ahí abajo, cada vez que meo apenas me la siento! Pero bueno, me queda poco para llegar al final, y después tendré tiempo para descansar.

¡Por cierto! Dos alforjas más como las mías, ¿cuántas llevo?

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