Hasta ahora sólo he dedicado tiempo a hablar de la parte más informativa de nuestro viaje. La parte en la que hemos conocido la historia y la razón (o mejor dicho la sinrazón) por la que están aquí. Además de las distintas instituciones de los campamentos de refugiados y sus funciones. Y finalmente de la protesta frente al Muro de la Vergüenza. En los siguientes artículos quiero hablar de la parte más humana de nuestra visita, lo que más llenó, me ha llenado y me llena de esta estancia, lo más real de esta experiencia. La convivencia con esta gente: la amabilidad, humildad y humanidad de estas personas; la alegría, el amor y el calor humano de los saharauis. En este artículo quiero hablar de las primeras impresiones en los campamentos saharauis.

Nada más llegar mi ignorancia empezó a crear prejuicios y conclusiones erróneas. Lo primero y lo que más me chocó fue la forma de vestir de las mujeres saharauis. Estábamos recién llegados al calor del desierto, sudando por todos los orificios de nuestro cuerpo y literalmente achicharrados. Y, en cambio, ellas estaban totalmente cubiertas ¡e incluso llevaban puestos guantes! Así que al ver esta imagen hice una conclusión equivocada. Los saharauis son musulmanes por lo que las mujeres, y también los hombres, tienen que vestir de forma adecuada, de forma lícita. Al llegar y ver a todas las mujeres totalmente tapadas hice una mala interpretación “el Corán no es justo con ellas”.

Más tarde en las numerosas conversaciones que tuvimos sobre nuestras diferencias entendí mejor por qué visten así y me di cuenta de mi gran ignorancia. Hay dos razones principales por las que se cubren tanto: la primera es para protegerse del propio calor y al segunda, y principal, “Es para estar más guapas.” El canon de belleza aquí es ser lo más blanco posible por lo que se tapan para evitar todo contacto con el Sol. Observo a estas chicas “sufriendo” para estar lo más blancas posible y me imagino a las chicas de mi tierra “sufriendo” mientras se tuestan bajo el Sol para estar lo más morenas que pueden. Y me río de mi propia estupidez y de mis primeras impresiones en los campamentos saharauis.

Primeras impresiones en los Campamentos Saharauis, mujeres tapadas

Uno de los más grandes prejuicios que traía era acerca de la religión. Es muy poquita la información que tenemos sobre el Islam y está tan distorsionada por los medios de comunicación que es prácticamente imposible tener una idea clara y objetiva sobre esta creencia. La religión se vive de una forma muy natural, y para nada estricta, en el Sahara Occidental. La naturalidad con la que jóvenes como nosotros hablan de este profundo tema me asombra.

La mayoría de estos chicos y chicas han vivido durante algún tiempo de su vida en España, por lo que saben perfectamente la forma en la que vivimos. “El Corán nos invita a conectar con Dios cuando oramos, nos enseña a evitar alcohol y drogas que pueden estropear nuestras vidas, el Corán nos ayuda a ser mejores personas. Por ejemplo, vosotros os emborracháis y vais de fiesta para ligar con chicas, pero en cambio nosotros lo hacemos aquí y ahora, en cada momento” (las chicas ríen). Trataremos multitud de temas discutiendo los diferentes aspectos de nuestras diferentes vidas. Hay mucho que aprender de esta religión y de estas gentes.

El Sagrado Corán

Otro de los aspectos que me sorprendió y mucho fue los teléfonos móviles. Estamos en mitad de un desierto perdido de la mano de Dios en un campamento de refugiados y parece que casi todos los jóvenes y familias disponen de estos aparatos. Y les gusta usarlos tanto como a nosotros. Y esto me da que pensar también, ¿cómo es posible que sea más fácil tener línea telefónica que los bienes necesarios para vivir? Definitivamente vivimos en un mundo loco.

Móviles en los Campamentos Saharauis

Otro de los errores que cometí fue los bienes que traje para donarlos a esta gente. La mayoría de cosas no son tan necesarias como esperaba. Por ejemplo, la mayoría de ropa que he traído no está del todo bien. Por supuesto que toda ayuda es bienvenida y que encontrarán su utilidad. Pero metí en la maleta prendas que yo no utilizaba, en perfectas condiciones pero quizá con escasez de “elegancia”. El caso es que está gente tiene muy buen gusto para vestir (al contrario que yo). Además que me estoy dando cuenta de lo egoísta que he sido. Traer a esta pobre gente lo que a mí me sobra, cuando debería haberles dado mis mejores prendas, y haberme quedado yo con las peores. Su situación y amabilidad se lo merecen.

Saharaui elegante

Hay varios detalles más que dejo en el tintero y en el olvido, pero estos pocos ejemplos son suficientes para darme cuenta de lo malo que son los prejuicios y lo ignorante que es la ignorancia. En esta experiencia no solo estoy aprendiendo acerca de su situación, si no que estoy aprendiendo a ser mejor persona.

¿Te gustó? Por favor ¡COMPARTE!