Finalmente, después de una larga noche de retrasos y una eterna mañana de espera, aterrizamos en Tinduf. Unas pocas horas y unos cuantos kilómetros nos separan de finalizar nuestro viaje a los Campamentos de Refugiados Saharauis.

Estamos cansados pero llenos de ánimos, aunque tarde, lo más importante es que hemos llegado. Pocos instantes nos bastan para darnos cuenta de donde nos encontramos, el Desierto del Sahara. En primer lugar unas altísimas temperaturas y un sofocante bochorno nos dan la bienvenida. Es como estar en un horno. Además el caluroso viento cargado de arena dificulta la respiración y la visión. Pero no pasa nada, estamos llenos de ganas por empezar esta nueva aventura y ni el retraso ni las condiciones del desierto van a estropearlo.

Aeropuerto de Tinduf, calor y bochorno

Tras los trámites propios de un aeropuerto nos subimos a un autobús que nos lleva a nuestro destino. Ya nadie puede ocultar el calor. Cualquier elemento que pueda servir de abanico es más que bienvenido y el sudor se hace evidente en nuestros ropajes. Como consecuencia de las altas temperaturas casi nos olvidamos de donde nos hallamos y hacia donde nos dirigimos.

Extendiendo la mirada desde el asiento hasta el horizonte, y a ambos lados de la carretera se extiende una inmensa, infinita, estéril llanura de piedra y arena. La idealizada imagen de un bonito desierto con sus dunas y sus camellos, con la arena color pastel creando un bonito contraste con el azul cielo, y un par de palmeras creando un perfecto oasis, pronto es borrada de nuestra perspectiva. Piedras, arena y más piedras, basura y escombros y una interminable planicie de más piedras y más basura es todo lo que se divisa. Todo lo que se divisa es nada.

Tras un control militar y unos pocos kilómetros más, ahora sí, llegamos, ha sido un largo viaje a los campamentos saharauis. Todo el mundo se siente aliviado de haber llegado, no solo el gran grupo que viaja desde Madrid, sino también los anfitriones. Decenas de personas junto con kilogramos y kilogramos de bienes son recibidos con calor, calor humano esta vez. Desde el primer instante nos sentimos muy bien acogidos por los saharauis. La estampa no tiene desperdicio: numerosas mujeres tapadas completamente bajo coloridos vestidos, jóvenes cuyo color de piel varía entre marrón café y negro chocolate, decenas de blanquitos y acalorados europeos y montones de suministros comparten un espacio creado entre pequeños edificios de adobe. Poco después de nuestra llegada recibimos una pequeña introducción, somos divididos en pequeños grupos y se nos asigna un joven, que será nuestro guía, y una familia con la que viviremos los próximos días.

Viaje a los campamentos de refugiados saharauis, mujeres
Viaje a los campamentos de refugiados saharauis, guías

Por cierto, se me olvidaba, os presento al grupo que se va a emprender en este viaje a los Campamentos de Refugiados Saharauis. Pequeño grupo que viaja desde nuestro pequeño pueblo Aibar. No os dejéis engañar por el adjetivo “pequeño”, es un gran grupo y un gran pueblo =)

Grupo Aibarés

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