Lo mejor de nuestra semana en tierras africanas fue, sin duda, la vida en los campamentos saharauis. Fuimos acogidos por unas maravillosas familias, además se nos permitió ser parte de su vida y de su cultura. Fuimos tratados como reyes. Y todo esto con una naturalidad y una calidez que caló muy hondo dentro de mí.

La vida en los campamentos saharauis es muy relajada y a la vez muy segura. Su injusta situación hace que los poblados en los que viven sean una cárcel, nadie puede salir y nadie puede entrar y las posibilidades dentro están muy limitadas. Una vez entiendes y aceptas estas limitaciones es posible, todavía, vivir felizmente. Aún me cuesta asimilar la felicidad con la que esta gente vive en una realidad tal.

Los hogares son muy humildes. Una o dos pequeñas construcciones de adobe, la típica jaima con la que los saharauis vivían de forma nómada, una cocina con lo muy básico y un baño más básico aún. Las casitas aunque simples son muy cómodas, el suelo cubierto por alfombras y colchonetas donde poder sentarse y tumbarse cómodamente. La cocina tiene lo justo para poder cocinar. El baño se compone de un barreño con agua y un agujero en el suelo donde hacer las necesidades. A la hora de ducharse hay que hacerlo de forma consciente, ya que los cazos de agua que disponemos para hacerlo son limitados. Y en el centro del hogar la estancia más importante: la jaima.

La vida en los campamentos saharauis
Cocina campamentos saharauis

La vida en los campamentos saharauis se desarrolla, principalmente, en la jaima. Aquí se come, se duerme, se charla, se toma té, se recibe a los invitados, se vuelve a tomar té, se celebra y se vuelve a tomar té. El ritual del té es algo importante para los saharauis, de ello hablaré en otro artículo. Comeremos a rancho, es decir, la comida al centro de la mesa y cada uno se sirve lo que quiere. Ellos comen con las manos y la habilidad con la que lo hacen me asombra. La comida es deliciosa, tendremos la oportunidad de comer desde carne y leche de camello, hasta pizza! increíble. En estas tiendas conviviremos durante horas y horas entre conversaciones y té. Todo el mundo es bienvenido y bien recibido en cualquier momento y será invitado a sentarse, a quedarse y, de nuevo, a tomar té. Os preguntaréis, ¡esta gente se pega el día entero bebiendo té! Estáis en lo cierto.

Preparando té en los campamentos saharauis

Los campamentos se funden con la arena del desierto volviéndose una parte de él. El tiempo se detiene en este basto arenal. Las casas de adobe se funden con esta infinidad marrón que se extiende hasta donde alcanza la vista, hasta el horizonte y más allá. Niños y niñas corriendo y jugando a deseo de recibir dulces, cabras por todos lados alimentándose de cualquier cosa que se parezca, o no, a algo comestible. Calles desiertas bajo el intenso calor del desierto.

Los Campamentos Saharauis

Durante las noches nos reuniremos para celebrar. No deja de sorprenderme lo feliz que esta gente es. Por supuesto que no hay forma de comparar la felicidad que dos personas sienten, lo sé, pero esta gente parece estar mucho más feliz que yo. Es más, me atrevería a decir que son más felices que la media española. Aquí no se lamentan de sus penurias, sin embargo celebran que están vivos. Bailar por bailar, sin haber bebido, en mitad de una haima y con una familia saharaui mirando es algo totalmente nuevo para mí. ¡Y es increíble!

Bailando con mi familia saharaui

Además, tendremos la suerte y la desgracia de disfrutar de una brillante y lucida Luna en el cielo. Suerte porqué será la luz que nos alumbre en la oscuridad de la noche y teñirá todo de un bello color plateado. Desgracia porque su luz tapará un cielo lleno de estrellas. Estamos en mitad de la nada, no hay contaminación lumínica por lo que es una ocasión única para ver las estrellas como nunca.

Por suerte, en la última noche de nuestro viaje seremos llevados a un lugar maravilloso. Montados en la parte de atrás de un camión atravesaremos el desierto mientras vemos la puesta de Sol. El Astro se vuelve insignificante ante la infinidad del horizonte mientras nos hechiza con su lento poniente. Unos kilómetros más allá tendremos la oportunidad de disfrutar de una preciosa estampa.

Atardecer en el Desierto del Sahara

Dunas perfectas moldeadas bajo la brisa del desierto. La arena tan fina y suave que ni la sientes. Y sobre nosotros, quitándonos el aliento, una bóveda de lucecitas, incontables infinidades de estrellas. En el centro de este estrellado manto la Vía Láctea domina el firmamento y la luz lo impregna todo, menuda sorpresa, el cielo nocturno está iluminado! Tumbado sobre la arena, enmudecido por los cielos y con la vista sumergida en la interminable galaxia, mi mente se transformará en un cometa volando a través del espacio. Es curioso, con tanta estrella no parece que estemos tan solos en el universo. Bajo este espectacular espectáculo charlaremos, bailaremos y tomaremos té de nuevo.

Noche en las dunas del Desierto del Sahara

¿Te gustó? Por favor ¡COMPARTE!